Cultura del remix de dominio público, Winnie the Pooh se vuelve un asesino.

Andrew Dalton
Martes, 16 de abril de 2024 17:53 EDT

Un oso de peluche gigante, con una sonrisa retorcida en el rostro, se pasea pesadamente por la pantalla. La música amenazante aumenta. Las sombras ocultan amenazas desconocidas. Christopher Robin ruega por su vida. Y el oso revienta una cabeza con un mazo.

Así transcurre el avance de la película de 2023 “Winnie the Pooh: Blood and Honey” (“Winnie the Pooh: Sangre y miel”), un filme de asesinatos sobre los queridos personajes de A.A. Milne, posible gracias a la expiración de los derechos de autor y la llegada de la novela infantil clásica al dominio público estadounidense.

Ya vivíamos en una era repleta de remixes y reutilizaciones, ficciones hechas por los fans y mezclas. Luego comenzó un desfile de personajes e historias, liderado por Winnie the Pooh y Mickey Mouse con muchos más por seguir, marchando hacia el dominio público, donde cualquiera puede hacer cualquier cosa con lo que sea y darle forma en una nueva generación de historias e ideas.

Tras una sequía de dos décadas provocada por una extensión del período de protección a los derechos de autor establecida por el Congreso en 1998, obras muy famosas finalmente ingresaron al dominio público en 2019, lo que implica que pueden ser usadas sin necesidad de pedir licencia ni hacer pagos por cesión de derechos. El público comenzó a notarlo en 2022, cuando Winnie the Pooh fue liberado a 95 años de la publicación de la novela que lo presentó al mundo.

Eso hizo posible “Blood and Honey”, una secuela que se lanzó el mes pasado, una tercera película y planes para un “Poohniverse” de personajes retorcidos ya en el dominio público como Bambi y Pinocho. El debut de Pooh en el dominio público fue seguido este año por un momento que muchos pensaron que nunca llegaría: la expiración de los derechos de autor de la versión original de Mickey Mouse, ya que apareció en el corto de Walt Disney de 1928, “Steamboat Willie”.

El ratón y el oso son apenas el principio. Las cimas de la cultura pop del siglo XX, Superman entre ellas, están por venir.

Personajes clásicos, nuevas historias, nuevas mezclas. ¿Será una bonanza para los creadores? ¿Estamos entrando en el apogeo de la colaboración intergeneracional o en una caída en picada de los valores de propiedad intelectual a medida que el público se cansa de ver variaciones de viejas historias?

¿Tiene un oso Pooh asesino algo que aportar al mundo del entretenimiento del siglo XXI?

UNA POSIBLE DIFERENCIA

Las películas de los inicios de la era del cine sonoro de Hollywood han comenzado a hacerse públicas. King Kong, que ya tiene uno de sus enormes pies en el dominio público debido a complicaciones entre las empresas que poseen una parte de él, se deshará de las cadenas que le quedan en 2029. Luego, en la década de 2030, Superman se elevará hacia el dominio público, seguido en rápida sucesión por Batman, Joker (Guasón) y Wonder Woman (Mujer Maravilla).

La posibilidad de nuevas historias es enorme. También lo es la posibilidad de repetición. Las historias y los personajes clásicos pueden llegar a ser un poco tediosos.

“No siento que vaya a hacer una gran diferencia”, dice Phil Johnston, nominado al Oscar que coescribió “Wreck It-Ralph” (“Ralph el Demoledor”) de Disney en 2011 y coescribió y codirigió su secuela, “Ralph Breaks the Internet” (“WiFi Ralph”) de 2018.

“Como, ‘Winnie the Pooh Blood and Honey’ fue una novedad, hizo un poco de revuelo, supongo. Pero si alguien convierte ‘Steamboat Willie’ en una película de motos acuáticas o algo así, ¿a quién le importa?”, dice. “Si hay alguna gran idea nueva detrás, tal vez. Pero no hay nada que esté viendo en el que esté pensando: ‘Oh, Dios mío, ahora que ‘The Jazz Singer’ está disponible, voy a rehacer eso’”.

Muchos creadores estaban claramente ansiosos por hacer algo con “The Great Gatsby” (“El gran Gatsby”), que ha sido objeto de varias reinterpretaciones en sabores muy diferentes desde que se hizo pública en 2021, dice Jennifer Jenkins, profesora de derecho y directora del Centro para el Estudio del Dominio Público de Duke.

“Tenemos nuestras versiones feministas de ‘The Great Gatsby’, donde Jordan puede contar la historia desde su perspectiva, Daisy puede contar la historia desde su perspectiva”, dice Jenkins. “Tenemos precuelas, tenemos secuelas, tenemos musicales, programas de televisión, tenemos la versión zombie, porque siempre lo hacemos. Estas son cosas que se pueden hacer con el trabajo de dominio público. Estas son cosas que puedes hacer con Mickey Mouse”.

Pero las nuevas obras y personajes disponibles están llegando después de años de que las empresas matrices exigieran que cada creación estuviera vinculada a su propiedad intelectual. Y con algunas grandes excepciones, del tamaño de una Barbie, los rendimientos son cada vez más escasos, y los propios artistas están un poco hartos de ello.

“El mayor factor limitante en este momento es que casi todo lo que se busca tiene protecciones de derecho de autor”, dice Johnston, cuyo proyecto más reciente es una adaptación animada de “The Twits” (“Los Cretinos”) de Roald Dahl para Netflix. “Y que la noción de una idea original es de alguna manera aterradora, ciertamente para una entidad de marketing, porque tienen que trabajar más duro para llevarla a la conciencia del público. Ese es el fastidio”.

Y aunque Shakespeare, Dickens y Austen han sido minas de oro de dominio público, otras propiedades han demostrado ser más problemáticas.

La próxima película “Wicked”, protagonizada por Ariana Grande y Cynthia Erivo, será otro intento de utilizar la obra de dominio público “The Wonderful Wizard of Oz” (“El maravilloso mago de Oz”) publicada por Frank Baum en 1900. En el caso de “Wiked” filtrada a través de una exitosa novela derivada y un espectáculo de Broadway, para resaltar el estatus clásico de la película “The Wizard of Oz” (“El mago de Oz”) de 1939. Los intentos anteriores condujeron a poco éxito, y la mayoría fueron fracasos absolutos, el más reciente de 2013 “Oz the Great and Powerful” (“Oz: Un mundo de fantasía”), de Disney.

Como ejemplo de las peculiaridades de los derechos de autor y “Oz”, el objeto más famoso de la película, las zapatillas de rubí de Dorothy, siguen siendo propiedad intelectual de MGM por la película de 1939. En el libro de Baum, los zapatos son plateados.

ALGUNA VEZ DISNEY SACÓ PROVECHO DEL DOMINIO PÚBLICO

Algunos de los usos más efectivos de obras de dominio público provinieron de la propia Disney en sus primeras décadas, convirtiendo cuentos populares y novelas probados en clásicos modernos como “Blancanieves”, “Pinocho” y “Cenicienta”. Tiempo después se convertirían en el principal protector de los derechos más valiosos en la industria, desde el universo Marvel hasta la galaxia de Star Wars.

Eso ha significado un gran florecimiento a través de los años de arte y ficción elaborada por los fans, con los que la compañía tiene una relación mixta.

“Cuando observas cómo la organización Disney realmente se involucra con el fan art, hay mucho que mirar hacia otro lado”, dice Cory Doctorow, autor y activista que aboga por una propiedad pública más amplia de las obras. “Siempre pensé que había muchas oportunidades de colaboración que se estaban perdiendo allí”.

Doctorow puso como ejemplo carpetas llenas de biografías de ficción hecha por los fans de los fantasmas de la Mansión Embrujada de Disney World, que conservan los adolescentes que trabajan allí, que observó cuando trabajaba en un proyecto con la compañía.

“De hecho, ahora es parte de la tradición”, dice Doctorow. “Creo que, creativamente, esa es una organización que realmente le da la bienvenida a eso. Pero creo que comercialmente es una organización que ciertamente ha luchado con ello”.

Cuando en 1998 se aprobó la ley que prorrogaba los derechos de autor por 20 años, músicos como Bob Dylan se encontraban entre las figuras clave que habían implorado al Congreso que actuara. En cambio, las generaciones más jóvenes de músicos, que crecieron inundadas de sampleos y remezclas, no clamaron por otra extensión. En parte, esto podría deberse a que en la era del streaming, muchos de ellos ganan poco con la música grabada.

Jimmy Tamborello, quien graba e interpreta música electrónica bajo el nombre de Dntel y forma parte de The Postal Service, un grupo cuyo nombre causó dolores de cabeza en sus inicios, dice que los artistas generalmente están felices de permitir que otros conviertan su trabajo en cosas nuevas. El problema son las empresas que se interponen entre ellos y obtienen la mayor parte del beneficio financiero.

“Siempre hay una corporación involucrada”, dice Tamborello. “Creo que a nadie le importaría si se tratara sólo de artistas a artistas. Siento que sería bueno si fuera más abierto, más libre. Parece que tiene más que ver con el respeto a la obra original”.

Tamborello dijo que fue “realmente emocionante” cuando el rapero Lil Peep usó un fragmento de la canción más conocida de The Postal Service, “Such Great Heights”, en una pista lanzada en YouTube y Soundcloud, incluso antes de que hiciera los arreglos legales adecuados para usarlo en un álbum.

Johnston dice que la edad y la experiencia le han hecho sentir menos posesivo con respecto a su propio trabajo.

“Al principio de mi carrera, todo era una afrenta. Todo me enojaba y decía: ‘¡Esa fue mi idea! ¡Debería haber tenido crédito por eso!’”, dice. “No quiero decir que sea fácil y desenfadado al respecto, pero creo que hay muy pocas ideas realmente originales. .... Todos tendremos pensamientos similares en algún momento. Así que no me molesta especialmente”.

Su actitud cambia si quien usa la obra no es un artista sino una inteligencia artificial. Ese fue un tema clave en las huelgas de guionistas y actores de Hollywood del año pasado, y es otra faceta de la cultura de los remixes que, junto con la expiración de los derechos de autor, podría cambiar los rostros de algunos de los personajes más famosos de la historia de maneras que nadie ha considerado.

“Si un compositor siente algo por mí, está bien”, dice Johnston. “Si una IA me roba, eso apesta”.

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