Misión de la UE en Gaza representaba esperanza, pero ahora simboliza una visión occidental fallida

La misión de la Unión Europea para monitorear la frontera en Gaza impulsó alguna vez las esperanzas palestinas de independencia

Josef Federman
Viernes, 07 de julio de 2023 22:38 EDT
MEDIO ORIENTE-INERCIA INTERNACIONAL
MEDIO ORIENTE-INERCIA INTERNACIONAL (AP)

Han pasado 16 años desde que las fronteras de la Franja de Gaza fueron cerradas después de que milicianos de Hamas se apoderaron del territorio.

Esa ocupación obligó a la Unión Europea a retirar a monitores que habían sido emplazados en un cruce fronterizo en Gaza para ayudar a los palestinos a prepararse para su independencia. Pero a pesar de ello la UE ha renovado regularmente el financiamiento para esa unidad, la más reciente a fines del mes pasado.

La existencia continua de la unidad conocida como EUBAM es un ejemplo extremo de la disposición de Occidente a seguir inyectándole cientos de millones de dólares al año a la visión moribunda de una solución de dos Estados para el conflicto entre Israel y los palestinos.

Los que la proponen dicen que este enfoque sigue siendo la mejor oportunidad de asegurar un acuerdo de paz definitivo. Los críticos alegan que optar por una gestión tan costosa del conflicto ayuda a mantener una ocupación militar israelí de 56 años de antigüedad y le permite a Europa y a Estados Unidos evitar tener que tomar las difíciles decisiones políticas que se requieren para alcanzar la paz.

La letal redada israelí de esta semana a un bastión extremista en Cisjordania y brotes previos de violencia también ponen de relieve las limitaciones de las gestiones internacionales para contener el conflicto.

“Desde mi punto de vista, la comunidad internacional comprende la realidad de que la solución de dos Estados ha desaparecido”, dijo Marwan Muasher, exministro del Exterior jordano y exembajador en Israel. “No quiere reconocer esto públicamente, porque reconocerlo públicamente va a obligar a la comunidad internacional a empezar a hablar de alternativas, todas ellas problemáticas”.

Muasher, ahora un vicepresidente en el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, un organismo de investigación, es alguien inusual entre sus colegas. Las legiones de diplomáticos y políticos que han dedicado sus carreras a efectuar gestiones por la paz en Medio Oriente siguen comprometidos con la visión de dos Estados, incluso a pesar de los cambios que han ocurrido en la región.

“Sigo creyendo en ello”, dijo Ehud Olmert, el exprimer ministro israelí que encabezó la última ronda de conversaciones de paz sustantivas con líderes palestinos antes de dejar el puesto en 2009.

“No hay otra solución. Todo lo demás es casi inevitablemente una receta para el desastre”, declaró.

El enfoque de dos Estados ha guiado a la diplomacia internacional desde los acuerdos de paz de Oslo en 1993 entre Israel y la Organización para la Liberación Palestina. El propósito de esos acuerdos provisionales era preparar el terreno para el establecimiento de un Estado palestino a un costado de Israel.

Los palestinos quieren Cisjordania, Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza —áreas que Israel capturó en la Guerra de los Seis Días de 1967— para formar su Estado. La tierra ubicada entre el Mediterráneo y el río Jordán, formada por el Israel previo a 1967 y los territorios ocupados, está poblada en aproximadamente partes iguales por palestinos y judíos israelíes. Las encuestadoras pronostican que a la larga los palestinos serán mayoría debido a que sus tasas de natalidad son más elevadas.

Los que proponen la partición dicen que crearía un Israel democrático con una clara mayoría judía dentro de fronteras definidas, y les permitiría a los palestinos concretar sus aspiraciones nacionales.

Sin una partición, lo que se tiene es una realidad similar al apartheid en la que una minoría judía cuyos números están disminuyendo controla a una creciente mayoría árabe con pocos derechos políticos. Grupos defensores de los derechos humanos dicen que ya está vigente un sistema tipo apartheid.

Desde los acuerdos de Oslo alcanzados hace 30 años, Estados Unidos y la Unión Europea han gastado miles de millones de dólares en proyectos de desarrollo y ayuda directa a la Autoridad Palestina para promover la visión de dos Estados. El secretario de Estado estadounidense Antony Blinken y Josep Borrell, alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, expresaron su respaldo a un acuerdo de partición.

Sin embargo, Occidente tiene pocos resultados que mostrar a cambio del dinero que ha erogado. Las iniciativas de paz encabezadas por diversos presidentes de Estados Unidos fueron descarriladas por hechos de violencia, la expansión de los asentamientos israelíes y la desconfianza mutua.

Hamas, al que Occidente considera un grupo terrorista y por lo tanto evita tratar con él, ha librado cuatro guerras contra Israel y sigue atrincherado en Gaza. La Autoridad Palestina, que gobierna enclaves semiautónomos en Cisjordania, está más débil que nunca. El gobierno de extrema derecha de Israel se opone a la independencia palestina y se apresura a ampliar asentamientos que ya tienen más de 700.000 habitantes.

Preocupado por su rivalidad con China y la guerra en Ucrania, el gobierno del presidente estadounidense Joe Biden ha hecho poco más que condenar los planes de extender los asentamientos israelíes y pedir una distensión.

Encuestas de opinión recientes muestran que sólo aproximadamente una tercera parte de los israelíes y los palestinos aún están a favor de una solución de dos Estados.

Incluso algunos miembros de la Autoridad Palestina, que es la que tiene más por ganar si se obtiene la independencia, han comenzado a hablar públicamente de que haya igualdad de derechos para todos los habitantes ubicados entre el río y el mar, en lugar de dos Estados.

“La base para nosotros es poner fin a la ocupación, obtener la libertad”, declaró Mahmud Aloul, asesor del presidente Mahmud Abás. Dijo que no importa si el conflicto concluye con dos Estados o un solo Estado binacional para israelíes y palestinos.

En círculos académicos y de defensa de los derechos humanos, muchos hablan ahora de una “realidad de un Estado”, en la que Israel ejerce control total sobre los palestinos. Muasher dijo que, dado este ambiente, es hora de que el mundo se enfoque en los derechos humanos de los palestinos en lugar de hacerlo en planes de paz carentes de realismo.

Ines Abdel Razek, directora ejecutiva del Instituto Palestino para la Diplomacia Pública, un grupo activista, considera que las exhortaciones para que haya una solución de dos Estados son “cómodas” para la comunidad internacional, pero poco sinceras.

Dijo que, si Estados Unidos se tomara en serio la paz, obligaría a Israel a dar marcha atrás a su iniciativa de asentamientos. En lugar de ello, señaló, Washington le da al gobierno israelí miles de millones de dólares en ayuda militar, permite que grupos que erigen los asentamientos recauden dinero en Estados Unidos, se involucra con instituciones que promueven la anexión de Cisjordania y presiona para que Israel normalice sus relaciones con otros países árabes.

“El problema es la brecha terrible y la hipocresía entre el discurso y luego las políticas y prácticas que se implementan”, indicó.

Hace casi una generación, cuando se estableció la EUBAM, las esperanzas palestinas de tener un Estado aún no habían sido aplastadas.

La unidad fue establecida tras el retiro de Israel de Gaza en 2005. Los monitores fronterizos ayudaban a la Autoridad Palestina a operar el cruce de la ciudad de Rafah con Egipto, y a la vez se coordinaban con Israel. Tenía 130 trabajadores y ayudaba a unas 2.700 personas a cruzar la frontera cada día.

Florin Bulgariu, actual director de la EUBAM, dijo que el acuerdo inicial incluía planes para auxiliar a los palestinos a desarrollar un puerto, un aeropuerto y hacerse cargo de otros cruces fronterizos.

Esos planes se vinieron abajo cuando Hamas ganó las elecciones para el Parlamento palestino en 2006 y asumió el control de Gaza en 2007, expulsando a las fuerzas de Abás. La UE suspendió la operación en Rafah pero aún tiene una oficina a menor escala en Israel.

Con un personal de 18 elementos y un presupuesto de 2,5 millones de euros anuales, la EUBAM ayuda a entrenar a funcionarios palestinos en Cisjordania para que detecten documentos falsificados, usen tecnología de rayos X y detengan el contrabando de drogas y armas.

“La idea es que la Autoridad Palestina esté totalmente preparada para asumir el manejo del cruce de Rafah cuando llegue el momento”, señaló, y reconoció que las probabilidades de que esto ocurra pronto son nulas. Algo de este entrenamiento también ha fortalecido las capacidades de agentes fronterizos de la Autoridad Palestina en Cisjordania, agregó.

Bulgariu dijo estar orgulloso de lo que la misión ha logrado, pero también frustrado “porque no puedo compartir ni implementar todo lo que sé”.

De todas formas sigue comprometido con la visión de la UE de que haya dos Estados. “Esta es la única solución que podría funcionar a fin de cuentas, fronteras separadas, todo el mundo con sus propios asuntos”, manifestó.

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