Desinformación, la defensa de atacantes del Capitolio

Falsedades sobre la elección presidencial contribuyeron al asalto por partidarios de Donald Trump al Capitolio el 6 de enero y algunos de los que ahora son enjuiciados por sus acciones entonces esperan que su candidez ayude a salvarles o al menos genere alguna simpatía

AP Noticias
Miércoles, 02 de junio de 2021 10:16 EDT
CAPITOLIO-NOTICIAS FALSAS
CAPITOLIO-NOTICIAS FALSAS (AP)

Falsedades sobre la elección presidencial contribuyeron al asalto por partidarios de Donald Trump al Capitolio el 6 de enero y algunos de los que ahora son enjuiciados por ese episodio esperan que su candidez les genere alguna simpatía.

Los abogados de al menos tres acusados en conexión con la toma del Congreso le dicen a The Associated Press que culparán a la desinformación sobre la elección, gran parte de ella promovida por Trump, por engañar a sus defendidos. Los abogados dicen que aquellos que diseminaron la desinformación son tan responsables por la violencia como los que participaron en el asalto al Capitolio.

“Sueno como un idiota ahora diciéndolo, pero confiaba en él”, dijo el acusado Anthony Antonio, hablando de Trump. Antonio dice que no estaba interesado en la política antes de que el aburrimiento de la pandemia hizo que prestase atención a canales noticiosos conservadores y medios sociales de derecha. “Pienso que ellos hicieron un gran trabajo convenciendo a la gente”.

Tras la victoria de Joe Biden en la elección presidencial del año pasado, Trump y sus aliados afirmaron reiteradamente que la contienda fue fraudulenta, pese a que eso ha sido desmentido numerosas veces por funcionarios de ambos partidos, expertos independientes y las cortes en varios estados, además del propio secretario de justicia de Trump. En muchos casos, las versiones infundadas sobre votos desechados, fraude con boletas y funcionarios electorales corruptos fueron amplificadas en las redes sociales, fortaleciendo la campaña de Trump para socavar la fe en el proceso electoral, una campaña que comenzó mucho antes de la votación en noviembre.

La ola de desinformación sigue diseminándose, escribió la jueza federal Amy Berman Jackson el miércoles al negar la libertad de un hombre acusado de amenazar de muerte a la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi.

“El constante redoble que inspiró al acusado a alzarse en armas no ha cesado”, escribió Berman en el fallo que ordenó que Cleveland Grover Meredith Jr. permaneciese detenido. “Seis meses después, el embuste de que la elección fue robada es repetido a diario en medios y desde los pasillos del poder en gobiernos estatales y federal, aparte de las declaraciones casi diarias del expresidente”.

Los acusados son apenas una fracción de los más de 400 imputados por el intento fallido de impedir la certificación de la victoria de Biden. Pero sus argumentos resaltan el importante papel que tuvieron las falsedades en el disturbio, especialmente cuando muchos líderes republicanos tratan de minimizar la violencia del 6 de enero y millones siguen pensando que la elección fue robada.

Al menos uno de los acusados planea hacer de la desinformación una parte central de su defensa.

Albert Watkins, el abogado de San Luis que representa a Jacob Chansley, el llamado hechicero de QAnon, comparó el proceso con un lavado de cerebro, o quedar atrapado en un culto. La exposición reiterada a falsedades y retórica provocadora, dice Watkins, abrumó la capacidad de su defendido de discernir la realidad.

“Él no está loco”, dijo Watkins. “La personas que se enamoraron de (el líder de culto) Jim Jones y fueron a Guyana, tenían esposos y esposas y vidas Y entonces bebieron el Kool-Aid (envenenado)”.

Argumentos similares no consiguieron exonerar a Lee Boyd Malvo, que cuando tenía 17 años se sumó a John Allen Mohammed en una serie de ataques de francotirador que mataron a 10 personas en el área de Washington, D.C., en el 2002. Sus abogados trataron de argumentar que Malvo no era responsable por sus acciones porque había sido engañado por el adulto Mohammed.

Los abogados de la heredera Patty Hearst también argumentaron, infructuosamente, que a su defendida le habían lavado el cerebro para convencerla de que participase en un robo de banco tras ser secuestrada por el grupo radical Symbionese Liberation Army.

“No es un argumento que haya visto ganar”, dijo Christopher Slobogin, director del programa de Justicia Penal en la Facultad de Derecho de la Universidad de Vanderbilt, que es profesor de sicología y experto en competencia mental.

Slobogin dijo que a menos que la creencia en una teoría de conspiración sea usada como evidencia de una enfermedad mental diagnosticable — como paranoia —, es improbable que pueda superar la presunción de competencia en la ley.

“No culpo a los abogados de la defensa por utilizar eso”, dijo. “Se usan todos los recursos y presentas todos los argumentos posibles. Pero simplemente por tener una creencia fija, falsa, de que la elección fue robada eso no quiere decir que puedes atacar el Capitolio”.

Desde la perspectiva de la salud mental, las teorías de conspiración pueden impactar las acciones de una persona, dijo Ziv Cohen, profesor de siquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Cornell. Cohen, experto en teorías de conspiración y radicalización, realiza a menudo exámenes de competencia mental para sus estudiantes.

“Las teorías de conspiración pueden llevar a personas a incurrir en conductas ilegales”, dijo. “Ése es uno de los peligros. Las teorías de conspiración erosionan el capital social. Erosionan la confianza en la autoridad y las instituciones”.

Los abogados de Bruno Joseph Cua, un joven de 19 años acusado de empujar a un policía en las afueras de la sala del Senado en el Capitolio, atribuyó la retórica extremista de su representado antes y después del asalto a las redes sociales. El abogado Jonathan Jeffress dijo que Cua estaba “repitiendo lo que escuchó y vio en las redes sociales. El señor Cua no creo esas ideas por sí mismo. Se las inculcaron”.

En un mensaje en la red social Parler un día después del asalto, Cua escribió: “El árbol de la libertad tiene que ser regado a menudo con la sangre de tiranos. Y está sediento”.

El abogado de Cua caracteriza ahora esos comentarios como una bravata de un joven impresionable y dice que Cua lamenta sus acciones.

Antonio, de 27 años, trabajaba como vendedor de paneles solares en un suburbio de Chicago cuando la pandemia frenó su trabajo. Él y sus compañeros de casa comenzaron a ver Fox News casi todo el día y Antonio empezó a colocar y compartir contenido derechista en TikTok.

Aunque nunca antes se había interesado en la política — ni votado en una elección presidencial — Antonio dice que comenzó a ser consumido por teorías de conspiración de que la elección fue manipulada.

Los documentos de la corte muestran a Antonio como agresivo y belicoso. De acuerdo con documentos del FBI, él le lanzo una botella de agua a un policía del Capitolio que era arrastrado por los escalones del edificio, destruyó muebles de oficinas y se le ve en video de cámaras corporales gritando: “¿Quieren guerra? Tenemos guerra. Es 1776 de nuevo”, a los policías.

Antonio, que llevaba un emblema de la milicia ultraderechista antigubernamental The Three Percenters, está acusado de cinco cargos, incluyendo entrada violenta y conducta desordenada en terrenos del Capitolio y obstrucción al ejercicio de la ley durante disturbios civiles.

Joseph Hurley, abogado de Antonio, dijo que no usará la creencia de su defendido en las versiones falsas de fraude electoral para tratar de exonerarlo. En lugar de ello, Hurley la usará para argumentar que Antonio era una persona impresionable explotada por Trump y sus aliados.

“Tú puedes contraer esa enfermedad”, dio Hurley. La desinformación, dijo, “no es una defensa. No lo es. Pero será presentada para decir: Por esa razón él estaba allí. La razón por la que estaba allí es porque fue estúpido y creyó lo que escuchó en Fox news”.

Thank you for registering

Please refresh the page or navigate to another page on the site to be automatically logged inPlease refresh your browser to be logged in