Reclusos de San Quentin se reencuentran con cachorros que criaron para ser perros de servicio

Olga R. Rodriguez
Martes, 01 de abril de 2025 21:01 EDT

Abrazos, lágrimas, ladridos e incesantes movimientos de colas se apoderaron de la prisión de San Quentin después de que dos labradores negros se reencontraron con los reclusos que ayudaron a criarlos hasta convertirse en perros de servicio.

La emotiva reunión juntó a Chase Benoit y Jared Hansen con Wendel y Artemis, los perros de 2 años que ayudaron a entrenar. Fue la primera vez que ambos reclusos pudieron ver nuevamente a sus antiguos compañeros caninos y la primera vez que conocieron en persona a sus cuidadores discapacitados.

El encuentro del viernes en el patio principal de San Quentin le trajo un cierre a Benoit y Hansen, quienes ayudaron a lanzar el programa de entrenamiento de cachorros de la prisión en abril de 2023.

“Estar en este programa, eso me ha dado algo que creo que había buscado toda mi vida”, dijo Benoit, quien cumple una condena de entre 15 años y cadena perpetua por asesinato en segundo grado. “Y eso era tener un propósito significativo: hacer algo bueno, mejor, más grande que yo mismo —y sentirme parte de algo grandioso”.

A Robert Quigley, quien es sordo, se le salieron las las lágrimas cuando vio a su energético perro, Wendel, emocionarse desmedidamente al ver a Benoit, su exentrenador.

“Sin lugar a dudas se acuerda de mí. Me di cuenta cuando entró. Me alegra mucho que lo quieras y que tengan un vínculo”, le comunicó Benoit a Quigley a través de un intérprete de lenguaje de señas.

“Está conmigo 24/7. Es muy amable y muy bueno con la gente”, respondió Quigley, quien recientemente se graduó de la universidad y se llevó a Wendel a casa en noviembre después de que el perro —una cruza de labrador negro y golden retriever— completó otros seis meses de entrenamiento profesional fuera de la cárcel.

Enseñar a los cachorros los fundamentos en la prisión

Benoit y Jensen formaron parte de un grupo inicial de cuatro entrenadores encarcelados quienes compartieron sus celdas de 1,20 por 3 metros (4 por 10 pies) con los cachorros de 4 meses. Los hombres dividieron la responsabilidad tanto de cuidar como de enseñar a los perros las órdenes básicas durante un año.

Canine Companions, una organización sin fines de lucro con sede en Santa Rosa, dirige el programa y pone a disposición perros de servicio gratuitos a personas con discapacidades. El organismo ha ampliado el programa de San Quentin a 16 entrenadores y dos cuidadores de perros quienes, a partir de esta semana, entrenan a ocho cachorros.

Artemis, un labrador negro, fue entregado a Benjamin Carter, un veterinario de Portland, Oregon, que requiere de una silla de ruedas y viajó a California para la reunión.

Como padres orgullosos, Carter y Hansen compartieron observaciones sobre la personalidad tranquila y cariñosa de Artemis y su gusto por los abrazos.

“Verlo en acción y realmente servir a alguien en la comunidad, es simplemente... No tengo palabras ahora mismo. ¡Es increíble!”, dijo Hansen, quien ha estado en prisión desde hace 15 años por robo a un banco.

Artemis, o Artie, empuja las placas de las puertas, jala puertas para abrirlas, trae cosas por la casa y hace muchas otras tareas que serían difíciles para Carter por sí mismo.

Primero el trabajo, luego los abrazos

“Es receptivo cuando trabaja. Es cariñoso cuando no está en horario laboral. Es un compañero increíble. Y toda esa estructura, amor y confianza se construyeron a partir de estos hombres que están aquí, así que estoy súper agradecido con ellos”, expresó Carter.

Los reclusos encargados de los entrenamientos reciben a los cachorros cuando tienen entre 2 y 4 meses de edad y se quedan con ellos hasta que cumplen aproximadamente 16 o 17 meses. Cada tres meses, los cachorros salen para tener experiencia en socialización, como interactuar con niños, viajar en auto o ir al supermercado.

Los reclusos les enseñan unas 20 habilidades, como buscar objetos, sentarse y caminar con correa. Cuando dejan la prisión, los perros reciben varios meses adicionales de adiestramiento con entrenadores profesionales.

Los reclusos de San Quentin que participan en el programa han sido condenados por delitos que incluyen robo a banco, delitos con armas de fuego y asesinato. Sólo quienes se encuentran en una “unidad de alojamiento por mérito” —en las que los residentes participan en una variedad de programas de autoayuda— pueden inscribirse para ser parte del entrenamiento para cachorros. A los reclusos con antecedentes penales que incluyen crueldad animal o infantil no se les permite participar, explicó James Dern, director nacional de programas de cachorros de Canine Companions.

El valor del tiempo

Dern agregó que los perros entrenados en sus programas penitenciarios tienen 10% más probabilidad de tener éxito para convertirse en perros de servicio que otros candidatos, gracias al tiempo y el cuidado que se les dedica.

“Darles algo por lo que preocuparse, además de ellos mismos, y la oportunidad de retribuir y, de alguna manera, empezar a enmendar lo que han hecho en su vida, puede ser transformador”, dijo Dern.

En su momento, San Quentin albergó a la mayor población de condenados a muerte en Estados Unidos. El programa de adiestramiento de cachorros comenzó el año en que se convirtió en un centro penitenciario donde los presos menos peligrosos reciben educación, capacitación y rehabilitación. Desde entonces, otros 11 centros penitenciarios se han unido a la organización sin fines de lucro, para un total de 24 instituciones carcelarias, reportó Dern.

Al dirigirse a una multitud reunida en la capilla de la prisión para celebrar el programa, Benoit agradeció a Canine Companions por despertar la humanidad, el amor y la solidaridad en la comunidad penitenciaria.

“En lugar de mantener todo dentro de su pequeña comunidad de entrenadores profesionales o incluso con voluntarios, compartieron todo esto con nosotros en prisión, y creo que eso es enorme”, añadió.

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