“Día de la Liberación”: ¿qué implican los aranceles de Trump para los estadounidenses?
Los economistas temen que la escalada de la guerra comercial del presidente tenga un efecto dominó perjudicial que dispare los precios
Donald Trump celebra el “Día de la Liberación en Estados Unidos” antes de implementar aranceles “recíprocos” aún no anunciados sobre bienes importados poco después de que los mercados cierren el miércoles.
Aún no está claro qué planea exactamente la administración, ni cómo afectarán las nuevas barreras comerciales a la economía y a los costes de las mercancías cotidianas, mientras los estadounidenses se enfrentan a un mercado intranquilo y a una crisis de asequibilidad en ciernes. Se pronostica que la guerra comercial en escalada tendrá un efecto dominó económico perjudicial.

Unas 24 horas antes del anuncio del miércoles, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, comunicó que el presidente y su equipo aún estaban “perfeccionando” la nueva política.
Trump ya anunció su intención de imponer aranceles a los automóviles y piezas de repuesto importados. Además, sugirió que los gravámenes serán “recíprocos” con otros países, lo que podría afectar a la producción de productos farmacéuticos y chips informáticos, entre otras mercancías.
Los críticos de la administración y la mayoría de los economistas han argumentado en repetidas ocasiones que los aranceles generalizados son, en última instancia, un impuesto para los estadounidenses, ya que es probable que los importadores y minoristas suban los precios para compensar los gravámenes a los que se enfrentan.
¿Qué ha dicho Trump sobre los aranceles?
Trump ha calificado la palabra “arancel” como la “más bonita del diccionario”. El presidente y los funcionarios de la administración argumentan que las industrias estadounidenses se han visto amenazadas por una avalancha de importaciones, y que un impuesto sobre tales productos incentivaría a las empresas a abrir fábricas y otros centros de fabricación en Estados Unidos para evitar los aranceles.
“Se trata de proteger el alma de nuestro país”, dijo el presidente en su intervención ante el Congreso el mes pasado. “Los aranceles son para hacer a Estados Unidos rico otra vez y hacer a Estados Unidos grande otra vez”.
La mayoría de los economistas coinciden en que Trump se basa en una perspectiva económica nacionalista obsoleta y contraproducente. En su discurso ante el Congreso, Trump incluso concedió que habrá “una pequeña perturbación” en la economía, pero que no afectaría porque “no será mucho”.

Trump y sus funcionarios han afirmado en repetidas ocasiones que los aranceles a los bienes importados se traducirán en precios más bajos para los estadounidenses. Cuando un reportero de Associated Press preguntó a Leavitt sobre el plan arancelario de Trump el mes pasado, Leavitt hizo la afirmación falsa de que “los aranceles son una exención fiscal para el pueblo estadounidense”.
“Disculpa, ¿alguna vez has pagado un arancel? Porque yo sí. No se los cobran a las empresas extranjeras. Se los cobran a los importadores”, respondió el periodista.
Leavitt calificó su pregunta de “ofensiva”.
“Cuando tengamos un comercio justo y equilibrado, que el pueblo estadounidense no ha visto en décadas, como dije al principio, los ingresos se quedarán aquí, los salarios subirán y nuestro país volverá a ser rico”, afirmó.
Cuando se le preguntó esta semana si los aranceles eran una medida acertada, Leavitt respondió: “No se van a equivocar [...] Va a funcionar”.
Horas antes del anuncio de Trump, con escasos detalles disponibles, la jefa de la Administración de Pequeñas Empresas, Kelly Loeffler, dijo a Fox Business que el “Día de la Liberación” es “la mayor salvación, no solo para las pequeñas empresas, sino para Estados Unidos”.
El plan de aranceles de represalia de Trump equivale a una “escalada imprudente que socavará los intereses nacionales de Estados Unidos, alejará a los aliados y profundizará la inseguridad económica de los trabajadores, los consumidores y las pequeñas empresas estadounidenses”, según Robert Weissman, copresidente de Public Citizen, que se ha unido a varias impugnaciones legales contra la administración.
“Durante décadas, los acuerdos comerciales manipulados por las empresas han deslocalizado puestos de trabajo, estancado los salarios y puesto los beneficios de los inversores por encima de los intereses públicos, pero estos aranceles no pretenden revertir ese daño”, añadió. “Se trata de convertir la política comercial en un arma para promover los estrechos intereses de los gigantes de los combustibles fósiles, las grandes empresas de tecnología y los compinches multimillonarios de Trump, además de distraer la atención del fracaso absoluto de la administración para ofrecer un plan comercial coherente y centrado en los trabajadores”.
¿Qué países y productos se verán afectados?
Los aranceles generalizados contra los mayores socios comerciales de Estados Unidos podrían aumentar de forma significativa los costos del petróleo y el gas, el azúcar, las frutas y verduras frescas, la ropa, los materiales de construcción y los automóviles y sus piezas, según informó The Independent.
Desde que asumió el cargo, Trump ha amenazado en repetidas ocasiones con imponer aranceles a una serie de productos, solo para posponerlos por tiempo indefinido o cancelarlos tras alcanzar acuerdos con las naciones objetivo.
Las amenazas arancelarias de Trump se han dirigido específicamente a productos procedentes de Canadá, China y México, con el argumento de que los funcionarios de dichos países no están combatiendo de forma adecuada la inmigración ilegal o el transporte de fentanilo hacia Estados Unidos. Trump impuso aranceles del 25 % a Canadá y México, aunque se suspendieron dos veces, un arancel del 10 % a China, y un arancel del 25 % al aluminio y al acero.
También ha propuesto imponer aranceles masivos al alcohol europeo, y este mes entrará en vigor un arancel del 25 % a todas las importaciones de países que compren petróleo o gas a Venezuela.

Trump dio marcha atrás en los aranceles del 25 % a los productos colombianos después de que el país aceptara recibir vuelos de deportación de Estados Unidos, y retiró un plan para aplicar un recargo del 25 % a las exportaciones de electricidad de Ontario después de que Canadá aceptara suspender sus cargos.
En declaraciones desde el Despacho Oval, Trump anunció que iba a imponer un arancel del 25 % a todos los coches que entraran en el país, que la Casa Blanca aclaró más tarde que se aplicaría a las piezas de automóviles extranjeros, incluso si los vehículos se ensamblaban en el país.
Las importaciones realizadas en virtud del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá “tendrán la oportunidad de certificar su contenido estadounidense” y el arancel del 25 % “solo se aplicará al valor de su contenido no estadounidense”, según la Casa Blanca.
“Espero que suban sus precios porque si lo hacen, la gente va a comprar coches fabricados en Estados Unidos”, manifestó Trump a NBC News sobre los fabricantes de automóviles extranjeros. “Me da igual, porque si suben los precios de los coches extranjeros, van a comprar coches estadounidenses”.
¿Van a subir los precios?
Es lo más probable.
Los estadounidenses podrían ver un aumento en los precios de algunas mercancías, como los alimentos perecederos, más rápido que en otras. Más de la mitad de la fruta fresca del país y casi tres cuartas partes de las verduras procedían de México en 2022, según el Departamento de Agricultura.
Estados Unidos importa más coches y piezas de automóviles de México que de cualquier otro país, aproximadamente el 27 % de todas las importaciones de automóviles.

El presidente de la Asociación Internacional de Concesionarios de Automóviles de Estados Unidos, Cody Lusk, observó que estos nuevos aranceles suponen un reto adicional e inoportuno en cuanto a la asequibilidad de los concesionarios de automóviles y sus clientes, ya afectados por el aumento de los precios de los vehículos y las piezas de repuesto, así como por los elevados tipos de interés y los costes de los seguros.
Incluso los costes ya crecientes de un simple tornillo han afectado a las cadenas de suministro de empresas estadounidenses que fabrican de todo, desde piezas de automóviles hasta electrodomésticos y cascos de fútbol americano o cortacéspedes, según The Wall Street Journal.
¿Causará esto una recesión?
Puede ser.
Dejando a un lado los memes de “indicador de recesión”, varios marcadores clave empiezan a hacer sonar las alarmas.
Los mercados, inquietos, han vivido una montaña rusa antes del anuncio del “Día de la Liberación” de Trump y los analistas de Wall Street temen los riesgos de una recesión a la vuelta de la esquina. El aumento de los gastos de consumo puede provocar una ralentización de la actividad empresarial, ya que los estadounidenses amontonan sus ahorros para soportar un posible centro económico.
Los aranceles de ambas direcciones en la guerra comercial, incluidos los impuestos por Trump y las medidas de represalia procedentes de los socios comerciales de la nación, han sacudido la confianza de los consumidores. Las empresas de Wall Street están reduciendo las estimaciones de expansión del producto interior bruto, y la herramienta favorita de la Reserva Federal para predecir la recesión muestra signos negativos.
“Lo que puede llevar a Estados Unidos a una recesión es que tanto las empresas como los consumidores empiecen a preocuparse y a reducir su gasto”, declaró a ABC News la economista de la American University Kara Reynolds.
La economista laboral Kathryn Anne Edwards asegura que una posible recesión bajo la administración de Trump sería “autoinfligida”.
Las recesiones ocurren. De hecho, el país ha soportado más de una docena en el último siglo, pero es posible que la próxima sería “la única recesión causada directamente por la política de la Casa Blanca”, escribió en Bloomberg.
Traducción de Michelle Padilla